En este artículo publicado en El País, Octavio Granado, secretario de Estado de la Seguridad Social de 2004 a 2011, explica los detalles de la decisión del Gobierno sobre aumentar la pensión a madres con dos o más hijos.

El Gobierno ha hecho público este pasado Consejo de Ministros un Plan de Apoyo a la Familia, en el que incluye como propuesta estrella la mejora de las pensiones (5%, 10% ó 15%) de las mujeres, a partir de 2016, que hayan tenido dos, tres o más hijos.

Según el Gobierno, va a afectar el año que viene a 123.357 beneficiarias, con un coste de 51 millones de euros (30 euros mes). Todos los días conocemos propuestas sobre la necesidad de contener el gasto en Seguridad Social, dado que en los tres últimos años hemos reducido a la mitad las reservas, y sorprende que nos sobre dinero para reducir cuotas y subir pensiones; pero además las cifras no encajan demasiado.

El año pasado se reconocieron un total de 263.678 nuevas pensiones contributivas a mujeres; en 2016 serán 275.000, de las cuales sólo 123.357 serán, según el Gobierno, beneficiarias. Es decir, menos de la mitad. ¿Dónde están las otras?

Como es evidente, hay mujeres que se jubilan con un hijo o ninguno. Tampoco se beneficiarían las mujeres jubiladas o viudas con la pensión máxima, alrededor del 5%. Pero el descarte fundamental se produce porque la medida, a pesar de su contenido presuntamente social, no va a afectar a las pensiones más bajas.

Las pensiones más bajas, si coexisten con carencia de ingresos, perciben un complemento a mínimo de su pensión. El gasto en la actualidad baja, porque los incrementos del 0,25% no compensan las defunciones, pero las mujeres siguen cobrando las tres cuartas partes de los que se conceden (120.000 al año), lo que supone que de las altas de pensión de las mujeres, la tercera parte cobrará complemento a mínimo. Y lo propuesto por el Gobierno supone mayor pensión y menor complemento, con resultado neutro. De hecho, se dará la paradoja de que si dos mujeres con cuatro hijos se jubilan con una pensión de 600 €, y la primera tiene ingresos millonarios, mientras la segunda carece de otras rentas, cobrarán por primera vez la misma cantidad.

Las mujeres que han trabajado como empleadas de hogar, en el campo, o las que han hecho carreras muy cortas de cotización por la maternidad no se van a ver beneficiadas de una medida aparentemente bienintencionada, pero en la práctica tan falsa como un duro de tres pesetas.

Y así nos encontramos con que vamos a olvidar dos millones y medio de mujeres pensionistas, con sus pensiones congeladas al 0,25%, para pagar una media de 30 € al mes a cien mil, que probablemente serán al final menos, y además no las más necesitadas.

Si queremos mejorar la vida dramática de muchas mujeres españolas, podríamos reconocer el complemento a mínimo a las pensionistas que deben mantener a su cargo a hijos y nietos, sean dos o diez. Esto costaría aproximadamente cien millones de euros, pero contribuiría a disminuir la desigualdad, en vez de aumentarla. Podríamos incrementar con un coste similar al propuesto por el Gobierno la ayuda por hijo a cargo, lo que mejoraría algo la vida de un millón de familias con escasos recursos. Pero yo no me atrevo a llamar a mis familiares jóvenes y preguntarles si están dispuestas a tener dos hijos a cambio de un incremento exiguo de su pensión futura.

Pero aquí, una vez más, no se trata de hacer política social, sino de aparentarla. Por eso se aprueba la medida una semana antes de las elecciones y la víspera de una fiesta en Madrid. Y por eso, como en el pecado se lleva la penitencia, cuando el Gobierno estima el impacto económico y presupuestario de su Plan, considera que en el año 2016 no sólo no va a aumentar, sino a disminuir el gasto en apoyos a las familias en situaciones especiales, y la protección social y económica de las familias, porque la Seguridad Social pagará más pero el Gobierno se ahorrará aportaciones a complementos a mínimo. El milagro de las gaviotas: vamos a pagar más y gastar menos.